
FUTURA PRIMERA PROMOCIÓN DE TÉCNICOS GRÁFICOS
Contrariamente a lo que algunos piensan, nuestra época de tan fuerte desarrollo tecnológico e informático, lejos de debilitar la importancia de la lectura, la ha aumentado. La lectura es la llave del conocimiento en la sociedad de la información. Nuestros abuelos pudieron vivir plenamente sin saber leer. Hoy parece imposible. El acto de leer es la actividad esencial de la vida cotidiana: leemos para agarrar el autobús, para elegir los productos en un supermercado, para orientarnos, para agarrar turno en un banco, para preparar la comida, para tomar las medicinas…De hecho, desde que nos paramos hasta que nos acostamos nos la pasamos leyendo: textos escritos, imágenes, símbolos, pantallas… Si la televisión, el video y los teléfonos fijos son extensiones de la vieja cultura oral, las computadoras, los celulares y los medios interactivos han recuperado la importancia de la cultura escrita. Como ha escrito Orlando Ortiz, “gran parte de lo que actualmente circula en Internet es información escrita. Por lo tanto, destinada a ser leída. En comparación con la televisión y el video –cuyos contendidos son básicamente imágenes y sonido- el computador y la Internet exigen mucho más habilidad lectora. El computador y la Internet estimulan la lectura mucho más que la televisión. De hecho, la interactividad del Chat, que tanto gusta a adolescentes y preadolescentes, se sostiene en la rapidez de la lectura y escritura. La Internet abre la posibilidad de que lo escrito tenga la velocidad y la interactividad de lo hablado. El computador y sus aplicaciones han significado –a su manera- una revalorización de la escritura y la lectura”. De hecho, aunque nos la pasamos quejándonos de que a los jóvenes no les gusta leer, nunca han leído ni escrito tanto como en nuestros días, pues se la pasan chateando, enviándose mensajes de texto, o navegando en Internet, es decir, leyendo y escribiendo.
El error surge de que seguimos asociando la lectura con los textos escritos o impresos en papel. Por ello, como vemos a los jóvenes alejados de los libros, nos apresuramos a calificarlos como no lectores, cuando en realidad se pasan muchas horas al día leyendo. Necesitamos, en consecuencia, ampliar nuestra concepción de lectura y empezar a reconocer que además de lectores de libros, hoy hay lectores visuales, de imágenes, de pantallas, de videojuegos…De ahí la necesidad de tener hoy lectores polivalentes, capaces de leer textos, contextos, hipertextos, imágenes y todo tipo de soportes.
No creo que tenga algún sentido el debate sobre la conveniencia o no de incorporar los recursos tecnológicos en el ámbito escolar. Si no lo hacemos, estaremos contribuyendo a una nueva y profunda marginación y estaremos cultivando un nuevo analfabetismo que impedirá acceder a los nuevos lenguajes y a las fuentes más importantes de una información hoy inabarcable que se crea y recrea sin cesar. No en vano se habla hoy de infopobres e inforicos y se señala la brecha digital, es decir, el tener o no acceso a las nuevas tecnologías, como fuente de nuevas y más profundas desigualdades (No olvidemos que en los países más pobres el uso de Internet sólo alcanza al 0,2% de la población, mientras en los países más ricos llega al 93%).
La escuela tradicional, que siempre ha mostrado una gran desconfianza ante las innovaciones, debe perder el miedo a las computadoras, a las nuevas tecnologías y a los cambios que involucran las nuevas formas de leer y escribir en la sociedad de la información. Además, si no lo hace, va a alejarse cada vez más del mundo de los niños y jóvenes que han asimilado con toda naturalidad estos nuevos lenguajes y se mueven como peces en el agua en el mundo virtual. Hoy las tecnologías de la información están en todas partes menos en la escuela, que no puede seguir ignorando que existe “otra cultura”. Niños y jóvenes están aprendiendo, jugando, leyendo, escribiendo en otros soportes. De ahí la necesidad de la escuela no sólo de adaptarse a los nuevos tiempos e incorporar críticamente los nuevos instrumentos, sino de afianzar su papel primordial de hacer de todos los alumnos lectores críticos y autónomos, única forma de garantizar un uso adecuado de las nuevas tecnologías.
PARTE (II)
Dejamos bien claro en un artículo anterior la necesidad de que las escuelas asuman las nuevas tecnologías: O las usamos para nuestro servicio, o corremos el peligro de quedar excluidos en esta sociedad informatizada. Pero la necesaria alfabetización tecnológica no debe ser sólo capacitación técnica para saber utilizar los nuevos instrumentos, sino sobre todo capacitación pedagógica y capacitación ética para utilizarlos apropiadamente y convertirlos en fuente de aprendizaje y de crecimiento personal y comunitario. En general, la dotación de computadoras a las escuelas se está haciendo de un modo poco crítico y pedagógico, y por ello está contribuyendo muy poco a la mejora de la educación. Muchos ponen computadoras como una forma de prestigio o de modernización de la escuela sin tener muy claro lo que se busca con ellas. Quien piense que conectarse a Internet supone algún progreso o entraña algún aumento de conocimiento es un iluso pedagógico. En la red se encuentra sólo lo que se sabe leer. El analfabeto funcional lo seguirá siendo conectado o desconectado. De nada sirve la información si no sabemos leerla y apropiarnos de ella para convertirla en conocimiento. Sólo lectores competentes podrán navegar con rumbo seguro en el océano de Internet. Muchos de los que creen estar navegando, están más bien naufragando pues andan perdidos, sin rumbo, chocando en cualquier escollo.
Frente a los reales temores de muchos de los peligros de un inapropiado uso del Internet, el reto que se presenta a los educadores es apropiarse de los nuevos medios, dominarlos y sacar de ellos todo el provecho posible en función del desarrollo personal, grupal y comunitario de los alumnos. Es verdad que en Internet hay mucha basura, pues se puede encontrar de todo: material informativo, material desinformativo, material formativo y también material deformativo. En Internet conviven terroristas y predicadores, pervertidos y genuinos educadores, traficantes de armas y pacifistas militantes. No podemos ignorar, por ejemplo, que se calcula que hay más de cuatro millones de páginas web dedicadas a la pornografía, en general de muy fácil acceso, y que cada día se crean unos 500 nuevos sitios. De hecho, uno de cada cinco niños o adolescentes que habitualmente se conecta a Internet ha recibido propuestas sexuales no deseadas a través de la red y los chateos. Un mal uso de Internet puede producir resultados aterradores; lo mismo que un buen uso puede lograr resultados maravillosos. No olvidemos nunca que las nuevas tecnologías son sólo medios que dependen del uso que las personas hagamos de ellos. De ahí la necesidad de una sólida formación lectora crítica para saber encontrar información pertinente y convertirla en conocimiento en un laberinto de informaciones banales y superficiales. Necesidad también de una sólida formación ética para utilizar este instrumento como un medio para una auténtica formación humana y ciudadana de la persona y contribuir a hacer un mundo más humano y más pacífico.
Más allá de los peligros reales que supone el mal uso de Internet, hay quienes la rechazan porque se está convirtiendo en una especie de “gran chuleta virtual”, que fomenta el robo de trabajos y tesis e impide la verdadera investigación. De hecho, es muy cierto que muchos alumnos copian y pegan páginas de Internet y las presentan como sus trabajos, lo cual ciertamente representa una actitud inmoral. Pero el problema radica en que tradicionalmente se ha entendido la investigación como una forma de copiar (antes de las enciclopedias y textos) y no como un modo de producir conocimiento. Esto debe obligar a los docentes a revisar el modo en que proponen y corrigen sus tareas e investigaciones, de modo que garanticen producciones personales y creativas. Un buen diálogo con el alumno sobre el trabajo entregado puede ser un medio muy eficaz para garantizar que no sea una mera copia sino un verdadero trabajo personal.
Hay quienes se presentan muy críticos de las nuevas tecnologías porque mantienen que, al tener incorporados programas de corrección ortográfica, atentan contra su aprendizaje. Pero yo pienso que pueden más bien ser una excelente ayuda siempre que ayudemos al alumno a reflexionar sobre el error que aparece señalado en el texto, de modo que pueda ir adquiriendo un uso correcto.
HUELLAS A SEGUIR PARA DESARROLLAR TU ENSAYO DE FORMA PROSAICA, LITERAL, OBJETIVO, CON COHESIÓN Y COHERENCIA
1.- Hacer referencia al autor, no a manera biográfica, sino relacionarlo con lo que escribe, el estudio y el país.
2.- Una vez que lees, subraya las ideas centrales del texto y luego analiza para luego parafrasear y realizar tu crítica constructiva.
3.- Relacionar el tema con tu entorno, la realidad de tu escuela, con tus metas futuras. Cómo está inmerso eso dentro del texto.
4.- Hacer reflexiones, dejar preguntas que nos inviten a pensar y mejorar aspectos de nuestro proyecto de vida.
5.- Recuerda que al redactar tu borrador debes tomar en cuenta los aspectos formales de la escritura, tu redacción y ortografía. Usa un vocabulario acorde al tema y a tu nivel de estudio. Se sugiere el uso continuo de nuestro amigo el diccionario.
6.- Preguntar dudas, buscar asesoría.



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